Muerte de Grimilda Acosta y Juan Cristóbal Peña Payano

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La verdad es, que el Poder Judicial de la República Dominicana no sale de una desgracia, a parte de los conflictos interno y el descredito que tiene la justicia, así como el aumento de la mora judicial y la falta de accesibilidad, ahora murió Grimilda Acosta de Subero, quién desde el año 1967, rindió sus funciones en diferentes aéreas del Poder Judicial; luego en el año 1997, fue ascendida al puesto de secretaria de la Suprema Corte de Justicia y en todo ese período, las cosas funcionaron bien, porque a ella, juntamente con la Suprema Corte que dirigía Jorge Subero Isa, le correspondió realizar las transformaciones de la reforma judicial que se inició en el año 1997.

También falleció en el Distrito Nacional, el abogado ilustre, Juan Cristóbal Peña Payano, apenas cuando iniciaban sus buenos días en el ejercicio de la carrera y en la comprensión con sus amigos, dejando su partida, un vacio insuperable en el corazón de sus familiares, amigos y en el colegio de abogados en pleno.

Un hombre o una mujer, jamás son imprescindible para la buena marcha del Estado, de una empresa o de una familia; sin embargo, cuando el trabajo ha sido bueno y la conducta intachable, entonces, el hombre y la mujer que fallece, dejan huellas imborrables, que sí pueden poner en peligro la buena marcha de cualquier institución.

El momento es necesario para recordar las sagradas escrituras en Apocalipsis capitulo 14, versículo 13, que dice “oí una voz que desde el cielo me decía; escribe; bienaventurados de aquí en adelante los muertos que mueren en el señor. Si, dice el Espíritu, descansarán de sus trabajos, porque sus obras con ellos siguen”.

Respuestaprocesal.com.do, se viste de luto, cilicio y ceniza, y de todo corazón pide a Dios todo poderoso, para que le haya ofrecido la oportunidad a los fallecidos Grimilda Acosta y Juan Cristóbal Peña Payano, de tener un encuentro personal con él. Además, que pueda hacer que sus almas nobles y valerosas, descansen en paz, también permitiendo a los familiares y amigos, que puedan encontrar conformidad por la pérdida momentánea de tan grandiosos seres humanos, siempre partiendo del ideal de la canción del Alberto Cortez, que dice:“Cuando un amigo se va queda un espacio vacío, que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”.

¡Paz eterna para Grimilda Acosta y Juan Cristóbal Peña Payano!