Reclusas se forman para la libertad

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Santo Domingo. Ángela Urbáez concluye la carrera de Psicología en la Universidad de la Tercera Edad, donde estudia con una beca.

Además de esos estudios universitarios, Urbáez desarrolla labores comunitarias, canta, elabora diferentes piezas con materiales reciclados, participa en actividades culturales, deportivas y recreativas.

Se trata de una labor normal para una mujer, con la diferencia de que Urbáez las realiza en el centro de corrección y rehabilitación Sabana Toro, en San Cristóbal, donde guarda prisión.

Pero ella no es la única. En ese lugar, 39 mujeres, que se encuentran en la última fase de sus condenas, se preparan para la vida en libertad,  al recibir capacitación y las orientaciones que les permitan reinsertarse en el medio social y laboral, mediante un proyecto denominado “la antesala de la vida en libertad”, dentro del programa Medio Libre, del Nuevo Modelo de Gestión Penitenciaria.

La mayoría estudia y realiza trabajos comunitarios fuera del centro, por lo que llevan una vida semilibre, ya que cuando salen no portan esposas, aunque por lo general les acompaña una agente de vigilancia penitenciaria.

Las universitarias estudian psicología, derecho e informática. Otras realizan cursos técnicos y cursan el bachillerato.

Urbáez asiste a la universidad los viernes, de dos a seis de la tarde, con una beca del Despacho de la Primera Dama.

Oriunda de Cabral, Barahona, llegó a prisión siendo bachiller y empezó la universidad en el año 2011. En esa fecha estaba recluida en la cárcel de Baní mujeres, de donde fue trasladada a Sabana Toro.

Con 39 años de edad, lleva recluida cinco años y tres meses, de una condena de siete años por riña, en violación al artículo 309 del Código Penal.

“Aquí me han ayudado mucho en la cultura, en el tejido, el bordado; he realizado muchos cursos de Infotep. También estamos yendo a la calle a hacer trabajos comunitarios”, resalta.

Madre de tres hijos, de 21, 19 y 13 años, quienes le visitan cada cierto tiempo.

Exhorta a las madres privadas de libertad a que se esfuercen, porque no solamente en la calle tienen la oportunidad de estudiar, sino que también lo pueden hacer desde la prisión.

“Esto nos servirá de mucho para nuestras familias, para nuestros hijos, para inducirlos a que sigan estudiando”, señala.

Insta a los jóvenes que no están recluidos a alejarse de los problemas y llevarse de los consejos de sus familiares, para que eviten llegar a la cárcel.

Cristiana Martínez, directora del centro de corrección, resaltó que tres estudian en la universidad con becas; siete salen los domingos a la escuela de Villa Fundación y Canastica para cursar el nivel  básico, y cinco en educación media.

Precisó  que en actividades culturales participan 18, y 13  en deportes como volibol, ajedrez y dominó; en arte y cultura 10. Cuatro integran el coro y 8 un grupo de baile. Actualmente se preparan para participar en un festival cultural que se realizará en octubre, para el cual clasificaron en baile, canto y maestría de ceremonias.

El centro de corrección consta de cinco alojamientos, pero solo cuatro en uso, porque uno está en reconstrucción por filtraciones, con camas de dos niveles.

En cada habitación tiene disponible un televisor, abanico, bebedero y un baño.

Cuenta con una cocina especializada para realizar las actividades productivas, como repostería. Disponen de un área médica.

Hay un salón de belleza, donde las usuarias deben pagar, pero las que no tienen recursos el área administrativa puede autorizar que las arreglen, a cambio de trabajo social, según explicó la directora.

El centro también tiene una piscina donde pueden compartir con sus familiares los días de visita, pues el penal se encuentra en una finca que fue incautada a un narcotraficante.