El devoto sospechoso de California no apuntaba a la violencia

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SAN BERNARDINO, California, EE.UU. Con una joven esposa, una niña pequeña y un trabajo en el gobierno, Syed Farook parecía estar en un momento dulce de la vida. Sus amigos conocían al joven de 28 años por su sonrisa fácil, su devoción por su fe islámica y su animada conversación sobre automóviles que iba a restaurar.

No sabían que el hombre, según las autoridades, estaba atareado construyendo bombas caseras con su esposa, Tashfeen Malik, y acumulando miles de balas para lanzar un asalto de estilo militar el miércoles contra una fiesta navideña de sus compañeros de trabajo. En el ataque murieron 14 personas y 21 resultaron heridas.

“Ésta era una persona que tenía éxito, que tenía un buen empleo, buenos ingresos, una esposa y una familia. ¿Qué faltaba en su vida?”, preguntó Nizaam Ali, que acudía a la misma mezquita que Farook en San Bernardino, la ciudad al este de Los Ángeles donde Farook mato y murió.

Las autoridades identificaron al fallecido y los detalles sobre su vida empezaron a cobrar forma, aunque el motivo de la matanza seguía sin estar claro.

El FBI investiga los tiroteos como un posible atentado terrorista, pero el jueves no había llegado a conclusiones firmes, indicó un funcionario estadounidense conocedor de las pesquisas. Por otro lado, un agente de inteligencia de Estados Unidos dijo que Farook había estado en contacto con extremistas islámicos conocidos en medios sociales. Ambos oficiales hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizados a comentar la investigación de forma pública.

Al mismo tiempo, las fuerzas de la ley, desde la policía local a la fiscal general, Loretta Lynch, advirtieron que podría tratarse de un suceso relacionado con el descontento laboral. O en una retorcida mezcla de venganza personal y religión.

Antes de morir tenían 1,600 balas con ellos

Farook no tenía historia penal y no estaba bajo vigilancia federal o local antes de los ataques.

La pareja empleó hasta 75 rondas de munición en la sala de la fiesta antes de huir, según Las autoridades. Los dos murieron cuatro horas más tarde a dos millas de distancia durante un intenso tiroteo con la policía.

Cuando murieron tenían más de 1.600 balas con ellos. Además, la policía dijo haber localizado en su casa 12 bombas de tubo, material para fabricar más explosivos y más de 3.000 rondas de munición.

El teniente de policía Mike Madden, uno de los primeros agentes en llegar a la sala atacada en el centro de servicios sociales, donde se habían reunido los colegas de Farook del Departamento de Salud del condado de San Bernardino, dijo que la masacre era “indescriptible” y la escena abrumadora: el olor de la pólvora, los gemidos de los heridos, la sangre, los sistemas antiincendios encendidos y las alarmas encendidas. Todo en una sala con un árbol de Navidad y decoraciones en todas las mesas.

Los muertos tenían entre 26 y 60 años. Entre los 21 heridos había dos agentes de policía que se lesionaron durante la persecución, según las autoridades. Dos de las autoridades seguían en estado crítico el jueves.

Casi todas las víctimas eran empleados del condado.

El jueves se les recordó en una vigilia que reunió a miles de personas en el estadio de béisbol local, donde líderes de varias religiones les rindieron homenaje. El alcalde, Carey Davis, instó a la gente a “dedicarnos y comprometernos a fortalecer nuestras familias para superarlo”. Se leyeron en alto los nombres de los muertos y los asistentes corearon “God Bless America”.