Del conflicto al acuerdo: dialogar para prevenir

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Por: Magistrada Sonia Espejo
Doctora en Negociación y Mediación

Los conflictos empiezan pequeños. Un comentario, una deuda, un malentendido. Si no se atienden a tiempo se vuelven grandes. Y cuando se vuelven grandes terminan en violencia, en fiscalía o en tragedias que se pudieron evitar.

La causa principal es que no sabemos hablar. Nos enseñaron a callar o a explotar, pero no a resolver. Se suma la desigualdad, la frustración y el mal ejemplo: creemos que el que grita más duro tiene la razón.

Las consecuencias las pagamos todos. Familias divididas, aulas en tensión y comunidades enfrentadas. En las escuelas el bullying escala porque nadie lo medió a tiempo. En los barrios vecinos que duran años sin hablarse. El daño no es solo legal, es humano.

Mediar no es debilidad. Es técnica. Es sentar a las partes con un tercero neutral para que se escuchen y acuerden. Como dice John Paul Lederach: «El conflicto bien manejado construye relaciones». El mediador no decide. Ayuda a que las personas encuentren su salida.

En lo social es urgente. El bullying escolar, los conflictos entre vecinos y los problemas familiares se pueden mediar cuando hay voluntad. Ahí se repara el daño y se corta el ciclo de violencia antes de que escale.

El acuerdo es la clave. Condiciones claras, fecha y compromiso. Cuando dos personas deciden cerrar hablando, ahorran años de rencor. Y le enseñan a los jóvenes que pedir perdón y reparar vale más que un castigo.

Nos falta formar para eso. Enseñamos materias, pero poco enseñamos a resolver. Si queremos menos violencia mañana, debemos enseñar a dialogar hoy. En la casa, en la escuela y en la comunidad.

Al final la paz se mide por los conflictos que transformamos en acuerdos. Porque donde se apaga el diálogo, crece la violencia. Nuestra tarea es encender la conversación antes de que sea tarde.